Es lo que hace falta tener para no derretirte cuando una telefonista argentina (o así) se te pone tonta intentando venderte un ADSL. El acento argentino es lo que tiene… ains. Yo, enfermo perdido, no me he cortado: “me encanta tu acento, pero lo siento, no voy a comprarte nada”. A lo que ella ha respondido con un significativo silencio* y un “te llamo en media hora”**.
* significativo porque se sobreentendia perfectamente que ella estaba pensando “estoy currando, giliposhas, y estoy harta de que los gashegos me digan siempre la misma boludez”
** para seguir vendiendome ADSL, porque me ha pedido (¿es una Bene Gesserit usando la voz?) que lo consulte con mis compañeros de piso por si nos interesa. Cosa que obviamente no he hecho.
Al proximo que llame preguntando por Ricardo para venderle ADSL le digo que se ha muerto, que respete nuestro dolor, o algo así.